
El equilibrio entre tratamiento y prevención
Las enfermedades mentales se han convertido sin duda en la auténtica pandemia de los dos últimos siglos. A pesar de la irrupción a partir de los años 50 del S.XX de la psicofarmacología moderna, disciplina que no ha dejado de avanzar hasta el día de hoy, siguen surgiendo las preguntas:
- ¿Por qué cada vez se dan más casos de depresión, esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno bipolar?
- ¿Por qué la frecuencia del suicidio parece estar aumentando?
- ¿Tan mal lo estamos haciendo como sociedad?
Dejaremos a un lado este intermiable debate y nos concentraremos en un motivo más que posible para que hoy conozcamos más enfermedades -mentales o no- que hace tres o cuatro siglos – y, de paso, añadir, que conocemos mucho más el mundo que nos rodea, de microbios hasta galaxias, que la tecnología no para de crecer a pasos agigantados…
no existen hoy más enfermedades, ni microbios, ni seres vivos, ni estrellas que hace doscientos años…lo que ha sucedido es que el progreso científico nos permite conocer de un modo mucho más profundo nuestro cuerpo y el mundo que nos rodea. Para bien y para mal.


Permítannos, después de un inicio algo intenso, esponjar el texto con algún apunte cultural; los/as aficionados/as a la mitología griega y romana sabrán quién era Asclepio.
Hijo de Apolo y huérfano precoz de madre, fue criado y educado-especialmente en medicina- por Quirón, el centauro.
¿Que qué le sucedió a la madre? Lamentablemente la mitología no se caracteriza por ser ni pedagógica ni políticamente correcta; digamos sólo que Corónide, que así se llamaba la bella mujer, murió antes del parto y no precisamente por causas naturales -aunque bastante comunes en la época-. Una auténtica tragedia griega, en la que no faltan traiciones y dagas.
Al ser hijo de Apolo -dios original de la curación- Asclepio heredó la condición de Dios de la Medicina. Asclepio tuvo dos hijas; Panacea, Diosa de la Salud entendida sobre todo como la búsqueda del tratamiento para todas las enfermedades, de ahí que se asocie fuertemente como la representación del remedio farmacológico ¿quién no ha oído alguna vez estas pastillas son una panacea, lo curan todo?
Su otra hija Higiea era la Diosa de la Sanidad, los buenos hábitos; de su nombre deriva el término higiene. Suele asociarse con la prevención de la enfermedad.
Nuestro programa de investigación es una fusión del trabajo de ambas hermanas; investigamos cambios en el estilo de vida -actividad física, dieta saludable, mejor gestión del estrés- que puedan completar o acelerar el tratamiento farmacológico –estudiamos los factores que se asocian a una buena respuesta al litio y otros fármacos– aunque cabe reconocer que últimamente nos dedicamos más a Higeia que a Panacea (entre otras cosas porque en nuestra institución no son pocos los grupos que son auténticos expertos en farmacología).
